Ya llegó el veranito!

Ya llegó el veranito!

Ya llegó el veranito! Ya llegó el veranito! el abrigo lo abandonamos hace tiempo, tu compañero del trabajo ha empezado a hacer flexiones todas las mañanas y tu madre solo prepara “ensaladitas ligeras”.

Es evidente que el verano ya está aquí y tú, como cualquier otro, decides meterte de lleno en la operación biquini y ponerte a comer ensalada como un cosaco.

La presión impera y tu novio no hace más que insistirte en que quiere pasarse un mes en la playa. Tú observas tus blancos y flácidos michelines y, aunque te da una pereza mortal, decides que ha llegado el momento de ponerse serios y salir a hacer deporte. Además, como puedes con todo, este va a ser el mes del ejercicio y de la dieta, que nadie ha adelgazado comiendo donuts, por mucho que saliera a correr.
Cambiar de hábitos en verano es frecuente pero también difícil, y siempre que decidimos ponernos en forma suceden una serie de cosas que no podemos evitar. Estas son las más frecuentes.

Ya no toses cuando corres para coger el autobús.

Es más, tras las sesiones de flexiones y las carreras incesantes, correr para coger el autobús te parece un paseíllo insignificante. No toses, llegas a tiempo y luego no necesitas media hora para recuperar el aliento. Y, la verdad, te sientes estupendamente por todo ello.

Las cargas pesadas se han vuelto increíblemente ligeras.

Vuelves de la compra haciendo malabares con las distintas bolsas porque a tus nuevos músculos no hay carga que se les resista, y lo que antes era muy pesado ahora es una bolsa más. (Piénsalo: ¿no es triste que tú, aún en la flor de la vida, te enorgullezcas porque no te pesan las bolsas de la compra?)

Sólo comes comida sana

La parte buena de todo esto es que, si no lo has hecho demasiado mal y tus esfuerzos han dado sus frutos, la ropa empezará a quedarte holgada y tendrás que irte de compras (qué remedio)
…Y te has convencido a ti mismo de que te gusta. De que una ensaladita fresca es muy sabrosa, de que la fruta supera las expectativas que cualquier helado puede generar y de que el pollo a la plancha no tiene ni comparación con una buena hamburguesa entre dos panes y con mucha mostaza.

Hablando de comida… ¿ya es la hora de comer?

Es tu pregunta favorita. Te lo preguntas a las once, a las once y cuarto, a las doce menos cuarto, a las doce y cuarto. De hecho, los horarios de todas tus comidas se han ido adelantando porque es muy razonable comer a las once y media, ¿o no?

Duermes como un bebé

Nunca jamás habías estado tan cansado, y llegar a la cama se ha convertido en el mejor momento del día. Antes perdías el tiempo preocupándote y dando vueltas de un lado a otro, pero ahora apenas te da tiempo a apagar la lámpara de la mesilla porque caes rendido como un niño tras una fiesta de cumpleaños.

Tienes infinitos kilos de ropa que lavar

Bueno, para empezar te compraste un montón de ropa de marca súper trendy para el running. Pero lo cierto es que como más cómodo vas es con tu camiseta vieja del pijama y con el chándal que te pones los domingos para estar en casa. Así que tienes un montón de ropa de deporte sin usar, eso por un lado. Por el otro, no obstante, acumulas en cuestión de horas montañas de camisetas, ropa interior y calcetines sudadísimos y sucios, y no das abasto con la lavadora.

Nunca el dolor fue tan satisfactorio

Te desperezas en la cama, te agachas a calzar la mesa o te estiras para alcanzar la fuente del estante de arriba de la cocina, y todo tu cuerpo se traduce en agujetas, muchas agujetas y más agujetas. Pero son fruto de tu esfuerzo inconmensurable y las experimentas con la satisfacción con que el guerrero se mira sus cicatrices.

Te vas de compras

La parte buena de todo esto es que, si no lo has hecho demasiado mal y tus esfuerzos han dado sus frutos, la ropa empezará a quedarte holgada y tendrás que irte de compras (qué remedio). Adquirirás, pues, innumerables y preciosas prendas estampadas y veraniegas, de última temporada, que te pondrás durante mes y medio y en las que el verano que viene, irremediablemente, ya no cabrás.


Articulo por Marta Jiménez Serrano

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