Relato de Navidad por Javier Sedano

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La última tarde del año

En aquella mañana, última del año, Miguel intercambiaba mensajes con un amigo por Bakala.org. Le proponía unirse a primera hora de la tarde a una fiesta privada que se celebraría en su bar, y que finalizaría sobre las ocho de la tarde.

Carlos, su amigo, regentaba un pequeño bar, donde tres o cuatro veces al año cerraba para ofrecer alguna fiesta temática a sus amigos más allegados, o aquellos que le provocaban el morbo suficiente para recrear alguna de sus fantasías. Carlos le estaba comentando que esa tarde iba a celebrar una fiesta nudista, donde las únicas prendas serían unas zapas y una toalla para uso personal, y como mucho, una camiseta de tirantes. Le afirmaba que la temperatura en el local  estaría más elevada de lo necesario. Sabía que su amigo era bastante friolero, aunque resultase caliente como las brasas, cuando entraba en contacto con otros machos.

De esa manera se habían conocido los dos. Follando como animales en una pequeña orgía que organizara un amigo en común. En aquel encuentro, los dos se habían gustado nada más verse, o debería especificar, nada más contemplar la desnudez del uno y del otro. Pues para entrar en el gran salón de aquella keli, se debía hacer completamente en pelotas, sólo el calzado era autorizado.

Miguel se había acercado a él con una copa en la mano, que ofreciera el anfitrión, como excusa para que se conocieran entre ellos.

– Tus zapas están bien curradas y esos calcetos molan.

– Mis calcetos están limpios, pero en efecto, mis zapas están bien curradas y su olor te gustará.

– Joder tío, no me digas eso. Tu cuerpo me pone mucho, pero si además tus zapas…

Carlos no le había dejado terminar la frase, le cogió con la mano que tenía libre y acercó su cara a la de él. Le morreó y se separó de él.

– ¡Hostias tío! Como besas. Mira como se me ha puesto el rabo – Le comentó Carlos.

– Cabrón, si está hasta lubricando – Pasó uno de sus dedos por la punta del capullo y tomó una gota que estaba desprendiendo. Se la llevó a la boca y la degustó – Mola – Sonrió.

Miguel se arrodilló y le desató una de las zapas. Carlos dejó que se la quitara y Miguel se la llevó a la nariz. La olisqueó durante un largo tiempo y Carlos sonrió al ver como el rabaco grueso y grande de aquel tío se le pegaba al vientre. Se arrodilló como lo estaba Miguel y dejó el vaso de plástico a un lado. Le quitó la zapa de la nariz y cogiendo su cabeza con las dos manos, le comió los morros con fuerza. Miguel acercó su cuerpo al de Carlos. Sus rabos bien duros se pegaron entre ellos, la lubricación de Carlos humedeció a Miguel y éste se puso más burraco de lo que ya estaba.

1499824_10151930740515000_1222981460_nEl resto de los asistentes a la fiesta habían comenzado con sus rituales sexuales en grupos, prácticamente todos en una misma zona, salvo Carlos y Miguel que parecían ausentes en su mundo. Miguel se quitó una de sus zapas y se la ofreció a Carlos, y éste la olió con fuerza.

– ¡Hostia tío! La tuyas están aún más curradas. Joder que olor más intenso, se me ha abierto el culo en canal. Necesito tu rabaco dentro y que le pegues fuerte.

Miguel no se hizo de esperar. Carlos se tumbó. Miguel le quitó la otra zapa y los calcetos. Colocó sus piernas encima de sus hombros y tras escupirle el ano y colocarse el condón, se la fue clavando. Carlos gemía por aquel rabo duro, grueso y grande, mientras Miguel, sin dejar de embestirle le comía los pies con desesperación. Al cabo de unos minutos sacó la polla y se dio la vuelta, ofreciendo a Carlos su ardiente ojete. Carlos se incorporó, Miguel contempló la lubricación que en pequeños chorros lanzaba por aquel capullo, se giró unos segundos para comerle la polla. Carlos lanzó un fuerte suspiro y Miguel le volvió a ofrecer su ano. Carlos no lo dudó, cogió un condón del suelo, se enfundó el rabo y  se la fue clavando sin tocarla. La tenia dura como una piedra. Se la metió poco a poco, hasta que su abundante pubis tocó la piel suave de Miguel. Levantó su cuerpo y acarició aquel torso libre de vello, bajó las manos y disfrutó masturbando por unos segundos el pollón de Miguel, luego le inclinó hacia adelante y empezó a embestirle con fuerza. Miguel gemía, el rabaco de Carlos era muy similar al de él, y su forma de follar le estaba volviendo loco. No sólo la metía y sacaba, sino que realizaba movimientos con su polla que le estaba abriendo bien su ojete. Carlos se detuvo, le giró y le levantó las piernas doblándoselas hasta casi tocarle la cabeza. Con el culo bien levantado y él prácticamente de pie, se la metió hasta el fondo. Miguel aulló, pero aquel placer provocó que lanzara los chorros de su polla por todo su cuerpo. El morbo de ver aquellos chorretones salir disparados del rabaco de Miguel, calentaron a Carlos y le embistió con fuerza, hasta que sacó la polla de golpe, se desprendió del condón y acercando su rabaco a la cara de Miguel, descargó el abundante líquido blanco. Se inclinó hacia su cara y ambos disfrutaron de aquella leche tibia y dulce. Volvieron a follarse el uno al otro de nuevo y luego se unieron a algunos de los asistentes.

tumblr_mxzgrgPaxE1qg5k17o1_500Sí, así recordaba aquel primer encuentro Carlos y ahora tras haberle dicho Miguel que asistiría a la fiesta, lo esperaba en el local, donde varios ya habían acudido y estaban tomando sus copas, en pelotas unos y con camiseta de tirantes otros, en la barra, provocándose los unos a los otros. Carlos se acercó a la puerta tras escuchar los golpes reglamentarios que servían como contraseña. Miguel entró y disfrutó de aquella primera imagen: Varios tíos estaban apoyados contra la barra del bar, con sus nalgas firmes, otros mostrando sus rabos, la mayoría flácidos y otros ya duros. Desde la barra un tío le mostró una botella de ron sonriendo.

– Venga tío, sólo faltabas tú. Mira el material que tenemos para despedir el año.

Miguel se acercó sonriendo y saludando. Todos dejaron sus vasos en la barra y se aproximaron a él. Sin mediar palabra, las manos de los chicos fueron desnudando el cuerpo de Miguel. Cuando Carlos le liberó del slip, su polla salió disparada golpeándole en el vientre.

– Ella también os saluda. Empecemos la fiesta. Feliz Navidad para todos –  Gritó lanzando una sonora carcajada, mientras la boca de uno de los chicos, le comía el rabaco.

Relato de navidad  de Javier Sedano

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