De amor implícito y sexo explícito – Parte I

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tumblr_mkckl3Y4Q11qkgwhmo1_500“Por fin nos conocemos” me soltó jadeando en el oído, mientras su mano fría entraba por la cintura de mi pantalón hasta hacerse camino entre el slip y agarrar con fuerza mi polla que ya suplicaba que la sacaran de ahí. Desabroché los botones del vaquero intentando aparcar de momento esa frase que me hacía sentir incómodo. Con la otra mano también helada del frío invierno de Madrid me bajó la ropa y como un soldado rendido ante su enemigo, se dejó caer de rodillas para lamerme primero los huevos, y limpiarme con ella todo lo largo y ancho del tronco de mi rabo. Abrió su boca y engulló de una estacada mis veinte centímetros hasta notar las paredes húmedas de su garganta y tras acomodarla, adentrarme dentro de la misma sin una sola arcada, notando como sus labios presionaban mis huevos en busca de más carne que tragarse.

Me hubiera corrido en ese preciso instante, para notar como descargaba directamente hacia su estómago, pero prefería esperar a que sus vaivenes húmedos, rematados con lenguetazos en la punta de mi glande hicieran su trabajo. Clavaba mi polla cogiéndole de la cabeza para mantenerla en posición, movía mi polla haciendo un poco de fuerza con mis glúteos para darle la sensación de que estaba descargando, y parecía que le encantaba, porque cada vez se ponía más cerdo, escupiendo mi rabo, limpiándolo de nuevo dejando que la saliva le cayera por la barbilla que a veces se limpiaba como hacen los gatos. Disfrutaba en lo que hacía, sin necesidad de tocarse el rabo, ni sacárselo, sólo deseaba darme placer en esa cabina oscura en el que tan sólo divisaba a ver su cara, y el brillo de sus ojos al mirarme fijamente mientras me la comía. tumblr_marcjfzT1a1rfe4wlo1_500

Me tuve que apoyar en la pared, para estar más cómodo despreocupándome de cuantos chorros de leche habrían caído sobre la misma. Cuanta gente se habría apoyado sobre ella mientras le metían el rabo entre nalga y nalga, cuantas rodillas habrían tocado ese suelo restregando los pantalones sobre los polvos de los demás. Y ahora, éramos dos tíos más buscando disfrutar con un desconocido. Entonces me acordé que lo primero que me dijo después del primero morreo fue “Por fin nos conocemos”. Por un instante quise cogerlo de la cresta, escupirle en la boca…  “¿De qué nos conocemos?” pero me contuve en soltar esa pregunta y tan sólo le escupí saliva que recibió sobre su lengua estirada, impaciente por recibir cualquier tipo de líquido que de mi cuerpo saliera.  Sin sobreactuar se la trago limpiándose las comisuras de los labios y volvió a meterse mi rabo entre sus dientes, rozando con una exactitud quirúrgica mi piel, jugando al límite entre el dolor y el placer. Yo quería que se hartara de comer rabo, y le dejaba que me cogiera de las piernas para metérsela mejor, con más impulso, con más fuerza.

Con el primer “Dame tu lefa” se me cortaría todo el rollo, pero con el primer “Dame polla tío” me correría vivo. Hubo momentos en el que tuve que contenerme de no llenarle el hocico, y aunque me hubiera gustado arrancarle los pantalones y metérsela en seco, me estaba gustando tanto, que preferí sonreírle con cara de vicio con un mensaje en mis hoyuelos que imploraba: “Sigue cabrón, no dejes de mamar”. Entonces las luces del cuarto oscuro se encendieron, truncando mis esperanzas de que podría estar horas con mi polla en su boca, miré mi reloj que marcaba las malditas seis de la mañana, así que a modo de campanadas, le solté seis chorros de leche, el primero le pilló desprevenido en el ojo, pero los siguientes desaparecieron dentro de la cavidad de su boca. tumblr_mkca8u8MY51qdolfbo1_500Mi cuerpo rugió, se estiró, se resquebrajó como una tabla de madera y de pronto noté ese intenso placer que recorría mi cuerpo hasta la punta de mis manos, en ese momento de la corrida, sería capaz de atravesar la pared de un puñetazo, pero me contengo intentando recuperar el aliento, recobrando poco a poco el ritmo del corazón. Me miró sonriendo, y la verdad es que no se si era un mero reflejo de satisfacción, o es que se estaba imaginando como había quedado pintada su cara, con ese inmenso lefazo cubriéndole en línea vertical desde la mejilla a la frente.

Le limpié con mi mano, como el que le rasca la cabeza a su perro cuando ha traído la pelota. Se levantó, y me dijo “Por fin nos conocemos”. Mientras me subía los calzoncillos le miré fijamente por si me había perdido algún episodio de mi vida, pero no me sonaba de nada, y le pregunté: “¿Pero habíamos hecho algo por conocernos antes?”. Se terminó de limpiar una gota de leche que colgaba de su oreja y me dijo: “En realidad yo sí, revisa tus mensajes en bakala.org”. Sin más, nos despedimos.

Continuará…


Besametonto

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